SILVIA PELAEZ

Con estudios de maestría en Comunicación, ha desarrollado su trabajo profesional en campos como la producción editorial, la traducción, la promoción y difusión cultural. En las artes escénicas se ha desarrollado en la dramaturgia, la gestión de proyectos, la dirección escénica y la docencia. Como dramaturga ha recibido premios y reconocimientos tanto nacionales como internacionales. Se ha distinguido como investigadora, traductora y dramaturga. También ha incursionado en guionismo para radio y docencia. Desde hace varios años imparte talleres de difusión cultural, comunicación en festivales, desarrollo y conservación de públicos;dramaturgia y adaptación para la escena en diversos estados de la República y en países como Estados Unidos, Argentina, Colombia, España, Uruguay y Venezuela. Su obra Recovecos fue llevada a la televisión en el programa Teatro Estudio, Canal Once en 2016. Como dramaturga ha obtenido reconocimientos y premios tanto nacionales como internacionales. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en México. Dramaturga, escritora. Guionista, traductora, editora, docente.

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Actualidad Apuntes sobre la “Trilogía vampírica” de Silvia Peláez* Por: Citlali Ferrer Mayo de 2017

Desde la antigüedad aparecen ciertas obsesiones en el pensamiento humano: la inmortalidad, el poder y el erotismo. Su desarrollo ha sido dicotómico, ha ido entre el bien y el mal, entre lo blanco y lo negro, la luz y las tinieblas. La filosofía, la psiquiatría y la sicología se han ocupado de estudiarlos y el arte de reinterpretarlos.

Las tres obras de teatro reunidas en “Trilogía vampírica” son una coedición entre Ediciones El milagro y el Fondo Editorial del Estado de Morelos (FEDEM). Hermoso ejemplar que contiene el puntual prólogo del maestro Bernardo Ruíz y fotografías  de cada una de las puestas. La “Trilogía vampírica” de Silvia Peláez, permite al lector, sin duda, adentrarse en la sicología de los vampiros y de los hombres que los idolatran. No se trata de un terror impostado y simulado muy a lo Soho, sino que es la confrontación con lo más oscuro de las mentes humanas. La publicación de la “Trilogía vampírica”, significa también el retorno de Silvia Peláez a la tierra que le vio nacer.

Creo que a Silvia Peláez le interesa el vampirismo, porque desde ahí puede explorar lo más deleznable de la condición humana. Digamos que desde las tinieblas puede conducirnos a la luz, esa que puede cegarnos. También porque quiere explicarse y explicarnos ese mundo.

La inmortalidad, contra lo finito de la existencia, y, precisamente, Umberto Eco declaró que la lectura es la posibilidad de alcanzar la inmortalidad hacia atrás. Esto es que alguien que no lee sólo vive, pero alguien que sí lee, vive muchas más vidas, otras, lejanas, ajenas teniendo la posibilidad de aprender mucho más de lo que una simple vida permite. Por lo que leer la “Trilogía vampírica” deja conocer una geografía perturbadora.

El teatro es vida, viene de la vida y logra que el espectador se atreva a vivir de otra manera. Es así que en “El vampiro de Londres”, a pocas horas de ir al cadalso, John Haigh, el personaje que construye Silvia Peláez, no se arrepiente de sus actos. Incluso está seguro de que cuando lo ejecuten, podrá alcanzar la inmortalidad anhelada. Y el juego que establece justificándose ante la humanidad a partir del cumplimiento de los mandatos de un ser superior parecen redimirle. Muy a lo Truman Capote y a partir del non fiction, la autora hábilmente desencadena su dramaturgia.

En la pieza “Inmortalidad”, a partir de la figura de Drácula de Bram Stoker, la autora recrea el mito y nos convierte en voyeuristas, logrando que desde la penumbra algo nos agite. Si el mito está relacionado con el sentido de realidad y si es la cultura el espacio donde se produce sentido, sea de forma personal o colectiva, entonces entre mito y cultura hay un entrecruzamiento de caminos.

El erotismo a lo Bataille, en “Érzebeth, la bañista de la tina púrpura”, Silvia Peláez, lleva al objeto de deseo hasta la última consecuencia, transgredido, roto, desmembrado. En un ir y venir del pasado al presente nos revela que si arrastramos la actitud de la condesa Érzebeth a nuestros días observaremos cómo para preservar la belleza existen una variedad de cosméticos. Y cómo los feminicidios que se siguen cometiendo encierran toda la oscuridad del mundo.

Silvia Peláez construye su poética a través de la espeluznante figura del vampiro: señor de las tinieblas insaciable y en perpetua búsqueda de erotizarse. Cuestiona la propia cultura como consumo del objeto de deseo, ya que la nuestra es una cultura depredadora. Las estructuras son fuertes y su mátrix se percibe documentada. Los personajes de Silvia Peláez, van lejos. La dramaturga juega mucho con la imagen lo que hace suponer que para ella la imagen es consecuencia del imaginario. Las voces de los personajes son filigranas resonadoras de épocas y espacios bien conocidos por la autora. Diálogos inteligentes y aforísticos. La trilogía vampírica resulta un reto para los actores y para los directores que decidan emprender sus montajes.

Estoy segura de que en la posmodernidad estos vampiros nos siguen seduciendo, ya que aún forman parte de nuestro imaginario y nos ofrecen la posibilidad de empoderar ciertos tópicos vinculados a la construcción de género y el erotismo. Todos somos mirones, todos hemos visto con morbo, nos aterra lo finito de la existencia y quisiéramos que todo fuese luminoso, pero en las tinieblas: la muerte en silencio nos pisa los talones.

 

*Texto leído en la presentación del libro “Trilogía vampírica”, el pasado martes 2 de mayo de 2017 en la Sala Manuel M. Ponce, del Centro Cultural Jardín Borda.

Coco, Mademoiselle Gabrielle regresa

La obra de SILVIA PELÁEZ Coco, Mademoiselle Gabrielle regresa al Teatro La Capilla para tener una temporada los lunes de julio y agosto de 2016.

En 2015 tuvo un gran éxito de público y de crítica, con funciones agotadas.

Con producción de PILAR BOLIVER, actriz que encarna a Coco Chanel, eCoco, Mademoiselle Gabrielle vuelve con nuevo vestuario, música renovada, y mejor que nunca.  Coco los recibirá los lunes a las 20:00 horas en un espacio íntimo, en su suite del Hotel Ritz para llevarlos a vivencias y momentos divertidos y sorprendentes de su vida hilvanando recuerdos.

Boletos en http://www.Redticket.com.mx  Descuentos a INAPAM y estudiantes.

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Ramapo Climate Change Theatre Action

Ramapo Climate Change Theatre Action

Students in the Theater Program at Ramapo College will perform script in hand readings of Climate Change Theatre Action plays all over campus on Monday, November 23rd. Featured playwrights are: Stephen Sewell, Neil LaBute, Andrea Lepcio, Deborah Laufer, Lenora Champagne, Kevin Loring, Chantal Bilodeau, Olivier Mayer, Mindi Dickstein, Elyne Quan, Elaine Avila, Sitawa Namwalie, and Silvia Peláez.

Obra de Silvia Peláez se lee en Nueva York como parte de la Climate Change Theatre Action

State University of New York at Oswego

  • Saturday, November 7, 2015
  • 11:00am 12:00pm
  • Oswego, NY

Climate Change Theatre Action at Global Engagement Conference

State University of New York at Oswego
Hart Hall basement
Saturday November 7, 2015
11:00am to 12:00pm
Oswego, NY

A staged reading by SUNY Oswego students and respondents from the sciences. They will present seven short plays, written specifically for this global action by some of the world’s most exciting playwrights.

Plays are by Deborah Asiimwe (Uganda), Chantal Bilodeau (Canada), Olivier Mayer (US), Silvia Peláez (Mexico), Elyne Quan (Canada), August Schulenburg (US), and Stephen Sewell (Australia).

Readers are Ashley Domenech, Caren Morris and Shana White. Milton Loayza, professor in the Modern Languages Department, directs.

A joint initiative from NoPassport, The Arctic Cycle and Theatre Without Borders, Climate Change Theatre Action is a series of worldwide readings and performances intended to bring awareness to, and foster discussion around, climate change. It was designed in support of the United Nations 2015 Paris Climate Conference (COP21) taking place November 30-December 11, 2015..

ARTE Y PENSAMIENTO

Miguel Ángel Quemain
quemainmx@gmail.com
Twitter: @mquemain

LA OTRA ESCENA

Boliver y Peláez, los aforismos emocionales de Coco Chanel

Coco, mademoiselle Gabrielle, es un monólogo que escribió Silvia Peláez para Pilar Boliver. Todo parece indicar que se trata de Coco Chanel y que todo sucede el 10 de enero de 1971 en una suite del Hotel Ritz, donde Coco aparece lánguida en un pijama blanco de seda con ribetes negros, en una batalla campal contra su edad (“estoy ochenta y siete años cansada”).

Mademoiselle Gabrielle se bate contra el demonio del tiempo los lunes en el Teatro de La Capilla, apoyada en unas cuantas herramientas: una réplica del frasco de Chanel No. 5 en miniatura, un frasco de morfina, dos cajas de metal con una jeringa de vidrio. “Ese olor a camelias… me asquea… O soy yo, la que expide este aroma agrio, avinagrado de vieja. ¡Odio el olor de ser vieja! Aunque me ponga una, dos, quinientas gotas, esta peste que sale de mis poros no se mitiga. Huelo a músculos atrofiados, a células muertas, a decrepitud, a ausencias.”

Digo que todo parece indicar que se trata de un personaje histórico de la moda del siglo XX; sin embargo, me queda la certeza de que bajo esa cáscara fina ambientada y tejida para establecer un horizonte referencial que atrae al espectador, está bordada una historia sobre las vicisitudes de la identidad, de la edad y de una forma de ser mujer que tiene una tradición larga y fecunda en el siglo XX, y que va de Colette a Beauvoir, de Patricia Highsmith a Doris Lessing, de Yourcenar a Jelinek.


Pilar Boliver

Silvia Peláez parece más fiel a la tradición que fincó Doris Lessing, sobre ese proceso que le pone a la identidad una fecha de caducidad que inicia cuando la certeza de la vejez se apodera de esa construcción cultural y psíquica que llamamos femenino y que se traza sobre el bordado fino de lo cotidiano (“Una no debería morir sola”).

Son, entonces, dos los ejes sobre los que gravita esta obra dirigida con pasión y prudencia; actuada con una enorme capacidad de atravesar a lo largo de una hora y media distintos registros emocionales y simbólicos que sólo alguien con la formación de Boliver puede correr sin perder la medida de cada interpretación.

Hay una complicidad evidente entre la directora y la actriz. Si bien Peláez parece modular y estirar la liga emocional de Boliver, la actriz le corresponde con pausas precisas para que el texto tenga la posibilidad de una especie de soberanía que le permite una existencia independiente y, al mismo tiempo, inseparable de un tono, de la interpretación exacta.

Me parece que el lujo de estas mancuernas debería ser una práctica constante en nuestro teatro. Actrices como Boliver deberían recibir periódicamente ese tributo que la dramaturgia agradecida debe rendirle a los actores que permiten que el texto encuentre dimensiones inéditas una vez que se interpreta y vive para la escena.

La directora y dramaturga está enamorada de su texto, de una contundencia rítmica y poética resultado de respirar con una actriz a la que se le puede exigir cualquier clase de esfuerzo, pero que aquí no sólo es el blanco de una demanda sino también un objeto escénico idealizado y querido por la escritora, que le permite encontrar en un conjunto de asociaciones una memoria corporal y gestual que forma parte del repertorio y la experiencia de Boliver.

Hay una cualidad en esta última que hace que en todo momento conservemos la certeza de estar en el teatro y ser conscientes de que lo que sucede en el escenario le está pasando a un conjunto de relaciones entre la historia y la literatura, pero que también acontece bajo la piel de alguien cuyo trabajo puede colocar la lupa del espectador donde se le antoje, porque domina su corporalidad, porque es capaz de enfrentarnos a un cuerpo octogenario que ha perdido casi todas sus virtudes y es un cúmulo de dolores e indiferencias que logran entrar en concierto con un texto exigente en los tonos y contrapuntos constantes.

Peláez ha escrito una obra sobre la adicción, sobre el dolor crónico y creciente, sobre la soledad y unos fantasmas que convocan a la discusión en voz alta (esa forma de decrepitud que obliga a algunos viejos a mascullar maldiciones, quejas, interpelaciones, súplicas) con lo que esté a mano: objetos, mascotas, plantas…

Esta es una obra sobre la caída y el orgullo, sobre el desprecio de una edad moderna tan cargada de estupidez, miseria y mezquindad. Es la certeza de saberse un clásico y ofrecer un sarcasmo permanente sobre la transitoriedad de sus adversarios. Pasan “con sus talles relamidos y sus faldas amponas como carpas de circo: A-Dior, mi querido Dior”.