Interdisciplina

laAudición salón continental

Silvia Peláez

El contenido es un atisbo de algo, un encuentrocomo un fogonazo. Es algo minúsculo, minúsculo, el contenido.

Willem De Kooning, en entrevista

 

En un jardín, hay un pedestal, una especie de altar, de foro en miniatura, sobre el cual un joven canta, más que cantar, deja que el aire de sus pulmones y la articulación de su boca, sean habitados por una voz ajena, una voz ligera, juvenil, que repite en un loop interminable. Uno se siente atraído por el joven que se balancea suavemente. Al, fondo, dispersos en el jardín, como apariciones sugerentes, están los demás personajes, en los que se gesta el germen de la máscara y el espacio vital que será habitado por una voz ajena. El joven sigue con su vaivén, con su canto; al principio es difícil distinguir si es su voz o no. Cuando descubres que esa voz no le pertenece, ya no importa: ya estás totalmente seducido.

A partir de aquí, cuando uno entra al espacio escénico, será conducido por una serie de cuadros en que personajes diversos, con un control poderoso del cuerpo, un control milimétrico, son atravesados por voces diversas, masculinas y femeninas, en canciones, disertaciones y entrevistas.

Al principio uno recuerda aquel juego infantil en que, con una paleta a modo de micrófono, hace mímica y gestos tratando de emular a su cantante favorito. Pero laAudición salón continental, con la dirección artística de Marcela Sánchez Mota y Octavio Zeivy, va más allá, aunque partiendo de ese mismo principio aunque en una mímesis más compleja. Cada cuadro se va sumando al otro lejos de la linealidad y la anécdota, para envolver al espectador en un mundo espectacular y escénico.

Si partimos de la idea platónica de que en el arte los objetos materiales cotidianos son objetos miméticos de sí mismos, esto es, imitaciones de formas o de estructuras, y, por lo tanto, el hecho de que el arte no es verdadero ni es útil (la pintura de frutas que no se comen), y que la teoría del arte, en gran medida, ha estado sustentado en este punto, separando la forma del contenido. Incluso hoy día, cuando los paradigmas de la creación artística y escénica se han modificado, y se tiende a eliminar la teoría del arte como representación de una realidad exterior, continúa el peso del contenido de la obra que se pone en primer plano al momento de la interpretación, pretendiendo que toda obra artística debe “querer decir algo”.

Como señala Susan Sontag “Quizá sea ahora menos figurativo, menos lúcidamente realista [el arte]. Pero aún se supone que una obra de arte es su contenido. O, como suele afirmarse hoy, que una obra de arte, por definición, dice algo (“X dice que…”, “X intenta decir que…”, Lo que X dijo…” etcétera, etcétera).” (Sontag: 1996).

En el arte escénico, a la entrada del milenio, ha habido una oleada de cambios, cuestionamientos y teorías que han cimbrado las formas y los contenidos, así como la relación entre ambos; la creación y la representación. Aunque, en los escenarios mexicanos, conviven, y creo que lo harán durante algún tiempo, visiones divergentes en cuanto a los discursos escénicos, y encontramos obras basadas en la linealidad y la anécdota junto a otras en que se hace evidente el cambio de paradigma. Por un lado, hay propuestas que siguen apegándose a las estructuras fijas, al drama, a la linealidad y a la anécdota; y hay otras que buscan alejarse de estas vías, huyendo del realismo, ya sea negándolo o enfatizándolo para plantear un discurso escénico propio con posibilidades expresivas, cognoscitivas e imaginativas, pero, sobre todo, para interrogarnos.

Esto es lo que hace el grupo Foco alAire producciones en La Audición salón continental. En primer lugar, cuestiona la representación escénica, mediante el énfasis en la hiperrealidad del espectáculo, en el control milimétrico del movimiento corporal y en la exageración medida de la expresividad y el gesto, logrando que se desvanezca el vestigio de autovisión que siempre tiene el ejecutante escénico, para llegar a una abstracción de sí, abstracción que es, al mismo tiempo, concreta, y que elabora una máscara, entendida en un sentido amplio, como una distancia entre el cuerpo y la voz; la máscara como ese elemento de la fiesta dionisiaca. La posibilidad de la máscara en La Audición salón continental genera, al mismo tiempo, un aura de misterio y un momento lúdico.

La Audición salón continental plantea la re-significación de una voz ajena, de otro, mediante el cuerpo concreto y preciso de los participantes en el acontecer de la realización escénica, como dice Hans-Thies Lehmann. Esta re-significación entonces nos aleja de la mímesis ingenua y, por lo tanto, de la interpretación: ¿qué intenta decir esta propuesta? ¿Acaso importa cuando lo que ve el espectador es una pieza artística impecable y contemporánea que, sin imponer la idea de contenido, desnuda almas y cuerpos, abre la visión a “la tremenda fragilidad del ser humano”?

Esta obra interdisciplinaria y contemporánea parte de un concepto y no cuenta una historia lineal, buscando, eso sí, una conexión con lo terrenal y humano; con las pasiones y transgresión. Y, por otro lado, se abre hacia los deseos y está a medio camino entre lo dionisiaco por el ímpetu y la fuerza vital, contenidos en la precisión milimétrica del movimiento corporal, disparado por la música y la canción, y por esos personajes que residen en las voces ajenas, y lo apolíneo porque en ese control del cuerpo encontramos serenidad y equilibrio que tiende a la perfección.

La Audición salón continental es como un torneo de esgrima en que los contrincantes están en constante vigilancia del adversario, siendo los primeros los ejecutantes o performers y los segundos los personajes, que se atreven a apropiarse de la carne y el cuerpo, y la respiración a través de una voz que ha perdurado a lo largo del tiempo en soportes mecánicos y materiales (gramófono, acetatos, cd’s), para llevar al público a un mundo de imágenes ficticias y metafóricas, impregnadas de cultura popular y de imágenes que perviven en el inconsciente colectivo.

En este espectáculo –que yo llamaría multidisciplinario porque abarca la danza, el performance, el teatro– están presentes varias cualidades deseables en las propuestas artísticas contemporáneas: la no linealidad en la estructura, una relación de equilibrio entre forma y contenido; la levedad dada por el humor y la interacción entre los personajes, así como por el subtexto y asociación de ideas; la exactitud que encontramos en la precisión de los movimientos del cuerpo, en una danza mínima, de coreografía sutil y compleja, y en el rigor con que los ejecutantes permiten que la voz se apropie de sus cuerpos; la multiplicidad dada por “la pluralidad de lenguajes como una garantía de una verdad no parcial” (Calvino : 1990).

Por otro lado, en este espectáculo la proxémica (uso del espacio y la distancia entre los personajes), la kinésika (gestualidad, contacto visual, postura y ademanes) se suman como algo consciente dentro del proceso de creación propio de la compañía. Esto es, la distancia que mantienen los cuerpos en la escena y las velocidades a las que se mueven; la expresividad del rostro; la relación con los espectadores, entre otros.

La estructura del espectáculo está dada por una sucesión de monólogos-canciones o dúos y tríos que, en cierta forma, se conecta con algunas de las premisas del teatro posmoderno. También hay una separación muy poderosa entre cuerpo y alma cuando una voz masculina se apropia de un personaje con aspecto femenino. Su estética parte de una imaginación visual enlazada por algo similar a las asociaciones de imágenes en una lógica espontánea. Estos monólogos-canciones son, precisamente, aquellas voces que, desde otro ambiente y existencia, buscan hacerse presentes, actualizarse, a través de los cuerpos (músculos, huesos, pulmones, tendones, cuerdas vocales) de los performers-bailarines.

A cada cambio de escena se produce una suerte de epifanía: una revelación de algo en el escenario, y algo en mí, desde mi butaca como espectadora; una revelación de algo que antes no había visto porque no se había asociado o unido en esa sucesión de momentos.

En La Audición salón continental hay un sistema de sistemas que establecen conexiones entre los hechos, las personas y las cosas del mundo a través de canciones de todo género, y una estética visual de los años cincuenta-sesenta. En esta red de relaciones, el discurso se ensancha tejiendo una red que conecta el mundo propuesto en la escena con el mundo íntimo de cada espectador para señalar la fragilidad del ser humano.

Cuando una voz ajena, que ha logrado perpetuarse gracias a los soportes técnicos de la grabación, se apropia de un cuerpo que así lo permite, se da una separación entre cuerpo y mente. El cuerpo que danza desde el interior, desde sus músculos más íntimos, desde su más profunda piel; danza de una forma imperceptible y perturbadora, y así, nos abismamos en el mundo.

No es danza sola, no es teatro, tampoco es danza-teatro, pero sí hay danza y sí hay teatro, hay escena, hay espectáculo. Se trata de un desprendimiento real para dejarse habitar por otro, por su voz, que al entrar en ese cuerpo, propicia un personaje. El cuerpo se mueve y se aquieta por partes, mientras la respiración fluye de una forma rítmica y consciente. El grupo Foco alAire producciones ha cincelado una técnica propia que produce resultados brillantes: excelencia en el manejo del cuerpo (aunque no se vean los grandes movimientos y despliegue de pasos); personajes con carácter, sólidos y estimulantes; control y fluidez con una abstracción de sí, para impedir que el yo (el ejecutante) se sobreponga o imponga al tú (la voz).

Hay una hiperrealidad, una estética apetecible y una excelencia en la producción pues cada detalle está cuidado, está potenciado, articulado en el discurso total. Como señala Takuan, “la perfección en el arte [de la esgrima] se alcanza cuando el corazón deja de preocuparse por pensamientos sobre el yo y el tú, sobre el adversario y su espada, la propia espada y cómo blandirla y manejarla y aun sobre la vida y la muerte. Todo es vacuidad: el propio yo, la espada centelleante y el brazo que la esgrime. Aun el pensamiento mismo de la vacuidad ya no está allí. De esta vacuidad absoluta, surge el más maravilloso replegamiento del hacer

Esta creación para la escena aunque viene de la danza, se acerca a lo que Lehmann (149) señala: “Para el teatro posdramático […] el texto (en el sentido amplio) de la escenificación (con los actores [bailarines, ejecutantes] sus adiciones paralingüísticas, sus reducciones o deformaciones del material lingüístico; […] la luz, el espacio, una temporalidad particular, etc.) se entienden bajo una nueva luz a través de una concepción modificada del performance text. […] A través de él, el teatro deviene presencia más que representación, experiencia compartida más que comunicada, […] energía más que información.

Quien se acerque a La Audición salón continental habría de ir con los ojos abiertos, el oído dispuesto y el alma lúdica para dejarse tocar por esta propuesta sin los pre-juicios de lo que debe ser la danza contemporánea o el teatro hoy.

 

Fuentes referidas

Eugen Herrigel. Zen en el arte del tiro con arco. Introducción de D. T. Suzuki

Italo Calvino. Seis propuestas para el próximo milenio. Siruela. 1990.

Néstor García Canclini. La producción simbólica. Siglo XXI editores.1986.

Paloma Chamorro. Entrevista a Willem DeKooning. Archivo RTVE

Hans-Thies Lehmann. Teatro Posdramático. Goethe Institut. 2013.

Pio E. Ricci Bitti/ Santa Cortesi. Comportamiento no verbal y Comunicación. Gustavo Gili. 1980.

Susan Sontag. Contra la interpretación. Alfaguara.1996.

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